ANÁLISIS CRTÍTICA DE OPPENHEIMER (2023)
En el presente análisis de “Con Otros Ojos”, se aborda una de las películas más comentadas del año 2023: “Oppenheimer”, la última obra del aclamado director Christopher Nolan.
Este film, creado con un presupuesto de 100 millones de dólares, constituye la primera incursión biográfica de Nolan y, con una recaudación global de unos 950 millones de dólares, se consolidó como un éxito de taquilla indiscutible. Para su realización, Nolan reunió a un elenco destacado y utilizó recursos técnicos y humanos de primer nivel en áreas como filmación, edición, composición, producción y sonido.
Oppenheimer (2023); Lo que nunca contaron de la bomba atómica
Análisis de la película
¡Los científicos son lo más sagrado para Nolan!
Christopher Nolan declaró en una entrevista que su película ‘Oppenheimer’ fue concebida sin un final definitivo, con la intención de que sea el público quien otorgue su propio significado. No obstante, los temas y elementos narrativos están estructurados de tal manera que guían al espectador, de forma casi inconsciente, hacia conclusiones determinadas.
En varias secuencias, se recurre a la figura de Albert Einstein para subrayar el concepto de relatividad, no solo en el ámbito físico, sino en un sentido más amplio y filosófico. Oppenheimer es presentado como una figura compleja, con ambiciones de poder y relaciones sexuales no limitadas, pero la narrativa busca generar simpatía hacia su persona, enfatizando su presunta bondad y remordimiento. Este enfoque permite que el espectador pase por alto aspectos inmorales de su conducta y la naturaleza destructiva de su creación. La película transmite así la idea de que todo es relativo y que no existen absolutos claros, presentando a las personas y las situaciones dentro de una escala de grises que impide un juicio categórico.
De hecho, la filmografía de Nolan demuestra una profunda valoración de la ciencia y los científicos, elevándolos a una categoría sagrada. Así que, ante el caso complejo del creador de la bomba atómica, siente la responsabilidad de exculparlo y santificarlo. Este sesgo unilateral llega al extremo de retratar a Oppenheimer como alguien que se enteró del bombardeo atómico ¡de Japón por la radio!, como todos los demás, y ¡que tal vez ni siquiera sabía para qué se utilizaría la bomba atómica! Nolan sostiene que el trabajo de un científico en el avance del conocimiento es valioso por sí mismo, independientemente de las consecuencias, y que los científicos no son responsables del uso que se haga de sus descubrimientos.
La Ciencia como Poder Fundamental
Existe una célebre cita atribuida a Francis Bacon que afirma: ‘Knowledge is Power’ (el conocimiento es poder). En esta película, la ciencia se erige como una suerte de religión sagrada para Nolan. Así, se destaca la importancia de la ciencia y los científicos en la consolidación del poder de EE.UU., sugiriendo que su primacía no se debe principalmente a la fuerza militar, sino al liderazgo científico de figuras como Oppenheimer. El film muestra cómo Estados Unidos valora la ciencia y permite que investigadores de diversas nacionalidades y creencias trabajen bajo su bandera. Simultáneamente, busca disociar la ciencia de la política, insinuando que cualquier uso negativo del conocimiento es responsabilidad de los políticos, no de los científicos. Esta perspectiva se hace evidente a través de la representación de la investigación gubernamental y el uso instrumental de los descubrimientos científicos por parte de figuras políticas como el presidente Harry Truman.
Una crítica recurrente a «Oppenheimer» es la ausencia de escenas que muestren los efectos del bombardeo atómico en Hiroshima y Nagasaki. La explicación es clara y peculiar: Nolan le interesa más la esencia del quehacer científico y el esfuerzo por adquirir conocimiento, por lo que evita escenas trágicas para preservar la simpatía del espectador hacia la figura de Oppenheimer.
La cinta también ilustra cómo la ciencia y sus avances están intrínsecamente ligados a la política y a los objetivos de poder. Durante la película, se observa cómo Oppenheimer inicialmente sigue las directrices de la política estadounidense, para luego mostrar un reconocimiento tardío de su error tras crear la bomba y reunirse con Truman. Sin embargo, este arrepentimiento no se expresa de manera explícita, y su diálogo ambiguo deja en duda la sinceridad de su lamento.
La narrativa recurre con frecuencia a la analogía mitológica de Prometeo, un cliché común en el cine de Hollywood. Pero, al destacar la región de Los Álamos, asociada a Oppenheimer, inevitablemente se evoca el mayor centro de tecnología e ingeniería de Estados Unidos en la actualidad: Silicon Valley. Surge entonces una interrogante: si la bomba atómica fue creada en Los Álamos, ¿es posible que el ‘Prometeo americano’ contemporáneo provoque otra catástrofe global, esta vez desde Silicon Valley?
¿Queda libre de culpa el Gobierno de EEUU por la guerra nuclear?
Nolan, al igual que muchos influyentes directores de Hollywood, presenta una película compleja de tres horas que aparenta transmitir un mensaje de revelación sobre la bomba atómica de EE.UU. y las tragedias de Hiroshima y Nagasaki, como si la obra misma bastara para comprender toda la verdad histórica sin necesidad de mayor investigación.
Esta película intenta mostrar al Gobierno estadounidense como una entidad omnisciente que, en su intento de prevenir los malos mayores de la Alemania nazi, comete una maldad grave al impulsar el proyecto peligroso de la bomba atómica. Según esta visión, justo cuando la Alemania nazi se había rendido, EE.UU. se vio forzado a lanzar bombas atómicas sobre Japón para “poner fin a la guerra”. Desde este punto de vista, los fines de esta soberanía justificarían los medios, es decir, el uso del arma nuclear.
Los símbolos de este gobierno, como el presidente, el coronel Groves y los representantes del Senado, son retratados como competentes y solidarios, mostrando incluso preocupación por la cultura de un país enemigo como Japón. Por otro lado, un funcionario llamado Lewis Strauss, movido por un rencor personal contra Oppenheimer, se convierte en la causa narrativa de muchas de sus desgracias posteriores. En conclusión, la película presenta al gobierno norteamericano como razonable y eficiente, mientras que los errores y deficiencias se atribuyen únicamente a las fallas y deficiencias individuales de ciertas personas.
Otro punto cuestionable es la cuestión de quién debería tener el control sobre armas, tecnología crítica y cibernética. Películas americanas como «Oppenheimer» suelen transmitir la noción de que Estados Unidos es el actor legítimo para ostentar ese derecho. ¿Por qué? La respuesta implícita es clara: porque solo la razón y la lógica estadounidenses pueden aprovechar el poder de la ciencia y la tecnología en beneficio de la humanidad. Así, la narrativa sugiere que Estados Unidos no solo puede producir ciencia avanzada, sino que también sabe cómo utilizarla para salvar al mundo.
Reflexiones Finales
El enfoque de Nolan en sus películas, que a menudo deja al público en un estado confundido y desconcertado, plantea interrogantes fundamentales. ¿Es posible que una película mantenga una postura completamente neutral sobre temas de tal envergadura? ¿Acaso las películas que adoptan una perspectiva marcadamente relativista no ejercen influencia en la percepción de sus espectadores? Respecto a la representación del gobierno estadounidense, cabe preguntarse: ¿se presenta como un gobierno racional o como una entidad despiadada que utilizó a Oppenheimer para sus fines y luego lo descartó? Y, por último, surge la pregunta histórica más crucial: ¿fue realmente necesario el uso de la bomba atómica para poner fin a la guerra?
