El presente análisis, realizado bajo el marco de “Con Otros Ojos”, examina la película Wicked (2024), una producción de fantasía estadounidense que figuró entre las más taquilleras del año. Esta obra, basada en la novela homónima de Gregory Maguire (1995), se distingue del clásico El Mago de Oz al ofrecer una perspectiva revisionista y llena de matices sobre sus personajes; esta relectura, a su vez, invita a una reflexión crítica sobre los temas subyacentes que la película articula.
Peligrosa fantasía de Wicked: pactar con seres villanos para alcanzar un poder sin límite
Análisis de la película
La magia presentada como un «talento oculto» que debe ser dirigido
La narrativa de Wicked 2024 se construye en torno a la magia, incorporando los arquetipos característicos del género: una varita al estilo de Harry Potter, un libro mágico del cual dependen los poderes de la ciudad, habilidades sobrenaturales y la escoba de Elphaba, erigida como símbolo de su poder e identidad única. Lo significativo, sin embargo, es la forma en que la cinta busca normalizar e incluso glorificar la magia y la brujería, reformulándolas como un «talento oculto» que debe cultivarse, no reprimirse.
A lo largo del filme, este «talento» se manifiesta desde la infancia de Elphaba, donde su poder se activa mediante emociones desbordadas, como la ira, alterando la realidad circundante. Progresivamente, esta habilidad alcanza una potencia que le permite descifrar un libro mágico (o grimorios) sin tutoría y, finalmente, desafiar la autoridad del Mago de Oz, la máxima figura del establishment mágico.
La película profundiza en esta premisa al insinuar que el dominio de las emociones conlleva la superación de cualquier obstáculo. Asimismo, promueve la noción de acudir a «la bruja», interpretable como una invitación a buscar guía o poder en figuras vinculadas a lo oculto o lo sabio. En una frase reveladora, la bruja Morrible define la magia como “el intento de nuestra mente de hacer posible lo imposible”, concepto que en el filme se encarna en Elphaba y su conexión emocional con lo sobrenatural.
Esta construcción narrativa conduce a un cuestionamiento esencial: ¿cuánta magia existe en la vida real? Y, de mayor calado, ¿cuál es, entonces, el propósito de la industria hollywoodense al difundir persistentemente la noción de que los conflictos humanos encuentran su solución última en poderes mágicos?
La estructura de poder y las élites de la ciudad mágica
Otro tema relevante en Wicked es la exploración de la estructura de poder y las élites que gobiernan Oz. Estas élites son formadas en instituciones educativas especializadas, donde estudian disciplinas como leyes, lógica, lenguaje y, de manera destacada, magia, para asumir roles de liderazgo. En la película, la magia también se presenta como una herramienta de control y manipulación sobre la población. Se revela que la figura de mayor autoridad en esta jerarquía, el Mago, es una farsa: carece de habilidades mágicas genuinas y es solo un hombre común oculto tras la maquinaria del poder.
Esta dinámica evoca, de manera polémica, el reinado del profeta Salomón, quien, según relatos bíblicos, gobernó con poderes sobrenaturales dados por Dios. La película, en un giro cuestionable, parece equiparar este poder divino con la ilusión de un mago que depende de trucos.
El color verde, omnipresente en Oz, no es casual. Simboliza la ilusión de riqueza y poder, así como la fragilidad del Mago. Este elemento visual puede interpretarse de múltiples formas, desde alusiones a figuras divinas hasta críticas a gobiernos modernos. Lo más llamativo es el color verde de Elphaba, que en el folclore y la mitología a menudo evoca a criaturas mágicas y sobrenaturales, ligadas a la naturaleza y a lo demoníaco. Esto plantea una interrogante inquietante: ¿acaso esta película, al enfocarse en el tema del poder mágico, pretende trivializar o incluso promover nociones asociadas con lo oculto?
Mensaje pólemico de Wicked: «Nada es absolutamente sagrado o malvado»
La película comienza con la proclamación: «¡Muere la bruja malvada del Oeste!», refiriéndose a Elphaba. Luego, Glinda, como parte del sistema gobernante, confirma la noticia con una aparición angelical, provocando alivio en la población. Sin embargo, una joven lanza una pregunta desafiante: «¿Los villanos nacen malvados?». La narrativa entonces retrocede para mostrar la humillación y el rechazo que sufrió Elphaba por parte de su familia y su entorno. Al final, el Mago de Oz, al no poder manipularla, la declara bruja malvada y la condena al ostracismo. Esta trama es similar a la de Nimona, donde una gobernante corrupta presenta a la protagonista como un monstruo.
Aunque la narrativa de Wicked es distinta y Elphaba no se presenta como una villana clásica, resulta evidente que la película busca transmitir la idea de que «no existe nada absolutamente sagrado ni absolutamente malvado en el mundo»; en otras palabras, que estos conceptos son meras construcciones humanas.
Este tema se desarrolla en escenas clave donde se cuestiona el odio absoluto y la perfección idealizada, y donde el Mago, inicialmente admirable, es expuesto como un fraude, mientras Elphaba emerge como una figura inocente y entrañable. Al intentar exculpar al «mal» absoluto, estas narrativas suelen presentar a un enemigo ficticio —un rey o un sistema— como el verdadero villano, cayendo paradójicamente en una nueva dualidad de bien y mal. De manera más alarmante, para avanzar y «construir un futuro mejor», se normaliza la idea de que podría ser necesario romper tabúes y aliarse con figuras o conceptos tradicionalmente villanos, trivializando así los riesgos de tal alianza.
Reflexiones finales
Para concluir este análisis, se plantean tres preguntas clave: ¿Cuál es el objetivo del cine al exaltar recurrentemente la magia y promover un escape de la realidad? ¿Por qué existe una insistencia en negar la noción de mal absoluto y fomentar empatía hacia personajes tradicionalmente malvados? Y, por último, ¿qué se pretende al cuestionar, de forma indirecta pero persistente, conceptos y figuras consideradas sagradas en diversas tradiciones?
