En el presente análisis de “Con Otros Ojos”, se aborda la primera entrega de Joker, estrenada en 2019, un drama psicológico que explora los orígenes de uno de los villanos más icónicos del cine estadounidense. Dirigida por Todd Phillips y protagonizada por Joaquin Phoenix, la cinta profundiza en la transformación de Arthur Fleck hacia su identidad como el Joker, mientras refleja una crítica social y política en el contexto de una ciudad en crisis. La película Joker1 recaudó más de 1,074 millones de dólares a nivel mundial, convirtiéndose en una de las películas más taquilleras de su año. Además, fue galardonada con dos premios Óscar. Cabe destacar que gran parte del equipo creativo de Joker tiene raíces judías, incluyendo al director Todd Phillips, el guionista Scott Silver, dos de los productores y el protagonista Joaquin Phoenix. Esta obra se basa en el cómic del Joker, publicado en 1940, cuyos tres autores también eran de ascendencia judía.
Joker 2019: La chispa anarquista que quemó las calles del mundo
Análisis de la película
Justificación del anarquismo
El eje central de la película Joker es la promoción del anarquismo y la crítica al sistema establecido, un tema recurrente en muchas producciones de Hollywood. Durante la primera hora, la narrativa se centra en la vida personal de Arthur, un personaje que enfrenta múltiples adversidades, como su enfermedad mental, la frustración social y los conflictos con su pasado. Sin embargo, la trama se canaliza de manera que el protagonista llega a comprender que, para reclamar sus derechos perdidos y restaurar la justicia, debe adoptar una postura radicalmente anarquista, lo que implica rechazar las normas establecidas, recurrir a la violencia extrema y asesinar a personas, incluso a quienes forman parte de su entorno familiar. Aun así, la transformación de Arthur no se detiene aquí. Oculto tras la máscara del Joker, se convierte en un símbolo de rebeldía para toda la sociedad.
La parte más polémica de esta película radica en fomentar la sensación de euforia y liberación asociada a la anarquía. A lo largo de la obra, Arthur es víctima constante de injusticias, lo que lo sumerge en una profunda tristeza. Sin embargo, en ciertos momentos, experimenta breves episodios de euforia y alivio. Tras asesinar a tres personas en el tren, inicialmente huye asustado, pero al llegar a casa, siente una profunda sensación de alivio reflejada en un baile espontáneo. Este patrón se repite cuando mata a su madre Penny, en el hospital, experimentando una liberación psicológica. Más tarde, al asesinar a Randall por una acusación previa, muestra una sonrisa macabra, disfrutando del momento, lo mismo ocurre tras matar a Murray Franklin en directo durante su programa de televisión.
Los elementos de la película Joker también acompañan la alegría del Joker. Tras los asesinatos, la música y el baile de Arthur crean en el espectador una percepción positiva de sus actos criminales y su rebeldía. El público tiende a justificar a Arthur, otorgándole el derecho a cometer estos asesinatos. Lo más interesante de este film son los temas que aborda, presentando a un antihéroe anarquista como un líder idealizado. A diferencia de los héroes tradicionales de Hollywood, como Batman, Superman o Spider-Man, que buscan salvar a las personas y restaurar el orden, el Joker carece de esos ideales. Sin embargo, esto no impide que se convierta en el personaje más fascinante y atractivo de la cinta. De hecho, los creadores de Joker buscan justificar, a través de todos los recursos disponibles, la rebeldía y el anarquismo.
El proyecto de victimización
Un aspecto menos evidente de esta cinta es la justificación de las acciones del Joker, incluso la violencia y el caos, a través de un enfoque victimizador. Desde el principio, Arthur es representado como un marginado y víctima de una sociedad despiadada. Sufre acoso físico y emocional, como el robo de su letrero y la agresión por parte de jóvenes, resaltando su fragilidad. Sus intentos de conexión humana, como hacer reír a un niño en el autobús, son rechazados, reforzando su aislamiento. En el ámbito familiar, su madre lo menosprecia constantemente, mientras que, en el trabajo, su compañero Randall lo traiciona, lo que resulta en su despido. Por si fuera poco, las revelaciones sobre su pasado, como el posible abuso infantil y la negación de Thomas Wayne a reconocerlo como hijo, añaden capas de trauma que justifican su desesperación. Así, su condición de víctima sirve como justificación para su transformación en un ícono del caos y la rebelión.
La victimización es un concepto ampliamente utilizado para justificar las acciones de ciertos grupos sociales, como los homosexuales o las minorías étnicas. Sin embargo, este enfoque es frecuentemente empleado por ciertos grupos o gobiernos para legitimar acciones injustas ante la opinión pública. Al presentarse primero como víctimas, generan empatía y luego argumentan que tienen derecho a tomar represalias contra quienes consideran sus opresores.
Al considerar que la mayoría del equipo detrás de esta cinta pertenece a la minoría judía, surge la pregunta de si el equipo de Joker tenía algún objetivo específico al subrayar el tema de la victimización.
La aparición del fenómeno Jokerismo en el mundo
Considerando que, en el ámbito cinematográfico, la mujer simboliza la tierra y las creencias culturales de una nación, entonces el contexto de West Side Story sugiere que el interés de María, una mujer latina, por Tony, un hombre americano, simboliza la influencia e incluso el domino de valores estadounidenses en su cultura y tierra. En otra escena, mujeres latinas debaten con sus parejas sobre el estilo de vida en EE.UU. Mientras ellos critican las dificultades de vivir allí, ellas defienden a EE.UU. como un lugar de belleza y libertad, y prefieren quedarse en AMÉRICA a cualquier precio, a pesar de los sufrimientos en Puerto Rico.
A esto se refiere cuando dice que no debemos olvidar quiénes somos ni de dónde venimos.
El desprecio de los estadounidenses hacia los latinos
El fenómeno del Jokerismo ha trascendido el ámbito cinematográfico para convertirse en un símbolo político, utilizado y canalizado por ciertos grupos de poder a nivel global. En los últimos años, países como Chile, Bolivia, Hong Kong, Líbano, Irak y España, han sido escenarios de protestas en las que los jóvenes, con máscaras inspiradas en el Joker, han salido a las calles para desafiar el sistema establecido en sus naciones, a menudo en oposición a políticas impulsadas por Estados Unidos. Lo más llamativo es que, en muchos casos, estos manifestantes, al igual que los seguidores del Joker, carecen de un objetivo definido y no proponen soluciones alternativas al sistema que critican. En consecuencia, son utilizados principalmente como herramientas para generar desorden y caos en estos países.
Si se analiza por qué la película Joker se produjo en EE.UU. y qué impacto podría tener en ese país, es evidente que este tipo de manifestaciones no suelen darse dentro de sus fronteras. Hollywood, como industria norteamericana, rara vez cuestiona abiertamente a su gobierno. Por lo tanto, el Jokerismo se utiliza como una válvula de escape para las frustraciones sociales, muchas de ellas generadas por sistemas liberales, permitiendo que el descontento se exprese de manera simbólica sin desafiar directamente las estructuras de poder establecidas.
Reflexiones Finales
Quedan por explorar varias interrogantes: ¿qué otros temas ocultos subyacen en esta obra aparentemente romántica? ¿Qué buscan realmente las películas de Hollywood, como Joker, al glorificar el desorden y la anarquía, especialmente entre las nuevas generaciones? ¿Acaso la historia de victimización de un villano marginado es una realidad o una distorsión de la verdad? Y, por último, ¿hasta qué punto la victimización puede ser utilizada para legitimar o excusar comportamientos destructivos?
